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El buque de los muertos

Imelda Pliego Ha llegado un buque casi transparente, semivisible, tan pequeño como una espora y tan grande como una estrella a 800 años luz; esta nave plateada, brillante, luminosa, escandalosa, disfrazada de encierro se llama la  La nave del   final. El buque fantasma que Wagner musicalizó. Parece que el universo ha decidido venir por todos aquellos que ya no tienen mucho sentido en su vida, que el amanecer les ilumina descubriendo un nuevo dolor, que ya están esperado este barco desde hace mucho y su conversación se limita sólo a relatos médicos. Esa nave escandalosa, se disfraza sabiamente de una enfermedad extraña que viene del fin del mundo. Del país que Marco Polo, veneciano, había oído tantos rumores y deseaba conocer. Él, que unió a Italia con China, la que ahora tiene que construir hospitales en ocho días, grande carpas en los estacionamientos con camas y respiradores. Los primeros amenazados , los ancianos, especialmente los solitarios sin que nadie los cuide, sin oc...

Tablero 300820

Enrique Asensio El tablero está puesto. Las casillas son claramente blancas o negras, no hay matices. Las reglas sobrevuelan el campo de juego, son ese aire limpio por encima de los personajes, de nosotros, que vivimos con las reglas que alguien más nos ha puesto, nos ha impuesto. Pero el caso es que no miramos hacia el frente, miramos hacia atrás. No miramos al orden, miramos a la naturaleza, a donde los caminos no están definidos, donde no hay parcelas, donde nos espera otro personaje, que ese sí, mira de frente. Por eso me pregunto ¿Dónde están realmente el pasado y el futuro?¿Quién mira a quién?¿Cuándo miro qué?¿Acaso ese observador es un espejo mío? ¿De verdad miro hacia atrás? Me está pareciendo que el  retroceso es el orden establecido y que el futuro o el progreso mira hacia la naturaleza, hacia el campo limpio, sin fronteras. Sí hay un tigre ahí, pero parece pequeño.  En el campo de juego regulado hay un castillo, una casa de la que salen todos sus habitantes y que ha...

Tana

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Ilse Barthold La tía Cora sale del cuarto con paso lento hacia el pasillo. En voz baja habla con sus dos hermanas: - Necesitamos ayudar a esos niños, no pueden seguir solos. No sabemos cuánto tiempo estará internada nuestra querida Tana. - Mira hermana, está difícil, no podemos mantener más bocas, ya ves cómo está todo.  Además, ¡A quién se le ocurre largarse a los Estados Unidos y dejar a los chiquillos encargados! - Bien sabes que lo hizo por sus hijos, se desapareció el marido y no le quedó de otra. - Vaya, como si no tuviéramos suficiente que batallar nosotras. Sin más, la tía se regresa a la habitación y se acerca a la sobrina enferma acariciándole la frente con suavidad.  Siente muy leve su respiración, apenas se percibe, su cuerpo enconchado suelta un temblorcillo de vez en cuando.  * Tana había entrado en la cocina muy de mañana.  Siente el frío de las losetas bajo sus pies.  Abre el anaquel para sacar el traste que necesita y con des...